• Enfrentar la discusión jurídica respecto de la estructura del Partido, a fin de contar con una más moderna y ágil y, por sobre todo, que garantice el reestablecimiento del "Estado de derecho partidario", estructura que deberá ser sancionada colectivamente y contener las herramientas para su respeto y cumplimiento irrestricto.
• Re-acercarnos a la estructura social de la comunidad, fortaleciendo lugares físicos de encuentro como son las sedes comunales del Partido. Volviendo a la base no sólo territorial, sino tambien a la base social.
• Contar con una estructura administrativa profesional.permanente y diferenciada de la toma de decisión política.
• Asumir la ‘accountability’ como un principio elemental de nuestra acción.
• Asumir el uso de las nuevas tecnologías para el accionar político, tal como lo demuestran las experiencias comparadas de países desarrollados políticamente.
• Democratizar el conocimiento al interior del Partido, incluyendo la formación ideológica y sobre el diseño y alcance de las políticas públicas.
• Fortalecer el poder de las regiones en el PDC.
• Transparentar el padrón electoral.
En suma, creemos que el futuro del Partido Demócrata Cristiano pasa por la construcción de una institucionalidad que responda a las necesidades del siglo XXI, con una nueva y fuerte identidad, pero que a la vez entienda su interconexión con la comunidad desde una perspectiva más abierta y atenta a sus necesidades.
Dicho documento fue suscrito por militantes y simpatizantes demócratas cristianos que nacimos a la vida política en plena transición a la democracia. En dicha ocasión, así como ahora, manifestamos nuestra voluntad y disposición de asumir un rol activo en la renovación de la DC. Afirmamos, que los logros del pasado son insuficientes para dar vigencia a un partido agotado y con escasa sintonía con el Chile de hoy. Renovar es buscar que algo sea nuevo otra vez. Creemos que una auténtica renovación no desaloja a nadie, no desecha a nadie, sino que da la oportunidad a todos de partir de nuevo en un contexto distinto.
Es imperioso iniciar un profundo proceso de comprensión de los cambios que como sociedad estamos enfrentando y ser capaces de responder a las complejidades de éstos. Las respuestas que sirvieron hace 20 o 30 años, no dan cuenta de las necesidades del presente.
Todos sabemos que nuestro país es distinto, mucho más conectado con el mundo, con una diversidad social y cultural nunca antes vista, que impone desafíos crecientes de tolerancia, demandas urgentes de inclusión social y nuevas disyuntivas bioéticas, medioambientales, energéticas y migratorias. Los partidos políticos deben dar cuenta de la realidad. Así, a una sociedad distinta, debemos ofrecerle un partido distinto y no continuar dando las mismas respuestas para nuevas preguntas. La DC en la forma que la conocemos, está agotada. Se relaciona con el país y el mundo con una pretensión omnicomprensiva que el contexto actual hace extemporánea: enjuiciando más que comprendiendo, imponiendo más que debatiendo.
En su discurso impera una lógica vertical y excluyente en la toma de decisiones, lo que afecta sus procedimientos internos y las soluciones que propone. Sumado a lo anterior, ha hecho de la indefinición una práctica permanente ante temas ineludibles, lo cual no se condice con un partido que pretenda ser actor relevante en una sociedad moderna y pluralista.
Los demócratas cristianos tenemos algo en común: una matriz cristiana y humanista, base de la cultura occidental y dotada de un profundo sentido de comunidad. El cómo nos relacionamos con el mundo a partir de esta matriz es lo que hará diferente a la DC en el antes y el después de la renovación que proponemos.
La matriz es el conjunto de valores y principios que han dado sustento moral y cultural a la sociedad desde la perspectiva del cristianismo. Valores como la libertad, la igualdad, la justicia y el respeto irrestricto a la persona humana, han orientado y orientan la acción política de los cristianos.
Necesitamos un PDC 2.0: los valores y principios de siempre en un diálogo distinto. Un partido integrado a la comunidad y no superior a ella. El partido debe tener una mirada comprensiva, tolerante con la sociedad y, a través de esa nueva relación directa e inclusiva, dar respuestas cristianas en un mundo real. Para ello es necesario incorporar criterios de apertura a la diversidad social y cultural, de modo que seamos un partido dispuesto a debatir y deliberar en todos los temas. Un partido horizontal, participativo y realmente democrático.
Un partido que no incorpora, en su dinámica interna, el principio democrático, desletigima su discurso y carece de los medios para dar respuestas eficaces, consistentes y pertinentes sobre los grandes temas del país. Las lógicas de funcionamiento, basadas en decisiones de cúpulas, deben dar paso a criterios de mayor igualdad política entre los democratacristianos. Debemos cambiar los procedimientos para la toma de decisión, incorporando procedimientos participativos para el pronunciamiento sobre temas públicos y para la selección de autoridades partidarias y candidatos.
Un partido jugado por una opción social-comunitaria. ¿Qué es el centro?, ¿es una opción o una abstención?. La DC del último tiempo ha optado por lo segundo. No es éste, a nuestro juicio, el rol que le corresponde a la DC. Debemos pasar de ser un centro difuso y tibio a un centro definido, con una identidad clara y al que sea posible adherir. Desde nuestra opción social-comunitaria, la libertad y la igualdad son valores compatibles y necesarios. Estamos todos de acuerdo con que Chile ha conquistado con esfuerzo su libertad, pero ¿podemos decir que somos una nación igualitaria? Cuando hemos logrado cierto nivel de desarrollo económico, pero con inequidades sociales aún manifiestas, debemos iniciar un camino hacia la igualdad en el punto de llegada, donde pasamos de lo cuantitativo a lo cualitativo.
No basta con garantizar el acceso a determinados bienes o servicios o una simple igualdad de oportunidades, sino que se debe asegurar el contenido de esa igualdad, con similares condiciones para todas las personas, independiente de su condición social, económica, cultural, de género, ética y todas aquellas propias de un país diverso. Estas definiciones configuran la auténtica identidad demócrata cristiana del siglo XXI, y deben ser la plataforma desde la cual desarrollamos nuestra opción política. Se trata de cimientos que nos enorgullecen y fortalecen y que nos permiten afrontar con optimismo y confianza las tareas que Chile nos demanda.
En la actualidad, hay diagnósticos compartidos en cuanto a la baja y preocupante participación de los jóvenes en el sistema político. Es innegable que los jóvenes han perdido su influencia en la determinación de los gobernantes a nivel local, regional y nacional y dicha situación socava la legitimidad de la democracia y las posibilidades de mejorar la calidad de la misma.
Sin embargo, la inclusión de los jóvenes no solo dice relación con el sistema político y el voto. También requiere un análisis en cuanto ‘política pública específica’ que releve la preocupación del Estado por una etapa en la vida que ha dejado de considerarse como un mero tránsito a la adultez, reconociéndose como un estadio complejo donde se definen las oportunidades que una persona tendrá en el resto de su vida.
En este contexto, las y los jóvenes se han desvinculado progresivamente de los mecanismos de participación representativa y han perdido su confianza en las instituciones del Estado. Sin embargo, no han perdido su nivel de asociativismo y han transformado sus formas de participación como parte de la sociedad.
Sueño de inclusión…
Partiendo de la base que consideramos importante la inclusión política de los jóvenes, como condición de calidad para la democracia y desarrollo del país, creemos que para generar su interés y consecuente inclusión (o autoinclusión), la propuesta de sociedad que queremos, el proyecto país y el nivel de discusión, deben alcanzar un nivel que involucre a todos los actores de la sociedad. De esta manera, no basta con medidas específicas (o de discriminación positiva), sino un cambio en la propuesta y modelo de la construcción de país.
Lo anterior no obsta a que debe generarse una política pública coherente y enfocada a resolver circunstancias propias de las y los jóvenes. Estas políticas públicas las podemos agrupar en dos líneas:
a) Derechos y obligaciones políticas
En conciencia que la inclusión y autoinclusión al sistema político (votación, partidos políticos, etc) depende de un cambio profundo más allá de lo normativo, es necesario tener en consideración los siguientes puntos:
- Abocarse a los temas que preocupan a los jóvenes y los vinculan a la sociedad, como igualdad de oportunidades, paz, medio ambiente, cultura, eficiencia energética, no exclusión, etc.
- Modernizar los mecanismos de participación socio-política:
* Descentralización real en la toma de decisiones que les afectan. Generar mecanismos de consulta local que sean efectivas
* Inscripción automática, eliminando trabas administrativas absurdas para nuestro tiempo.
* Destrabar mecanismos burocráticos y arcaicos en el acceso de los beneficios del Estado dirigidos a jóvenes.
- Seducir con métodos de participación informales y democratizantes:
* Primarias en las que participen los no inscritos.
* Consultas municipales en que participen los no inscritos.
* Transparentar, democratizar y acercar a los partidos políticos.
- Establecer una instancia institucional moderna y eficiente que represente los derechos y aspiraciones de los jóvenes dentro del Estado en dos sentidos:
* Coordinando la política pública sobre la materia en los distintos servicios públicos.
* Representando inquietudes emergentes de las nuevas generaciones
b) Derechos y obligaciones sociales:
- Empleabilidad juvenil y acceso digno al primer trabajo: Se debe considerar la naturaleza propia de los trabajos que necesitan a las y los jóvenes en etapa de desarrollo, estudio, egreso y conformación de núcleos familiares.
- Iniciación sexual, salud y embarazo adolescente. Especial consideración en el efecto sobre las oportunidades futuras.
- Acceso a oportunidades y a la información: No sólo el acceso a la educación de calidad es importante, sino también a la información necesaria para tomar decisiones adecuadas para cada persona.
- Utilización de espacios públicos. Mejorar calidad de vida: utilización de colegios, plazas, centros comunales, estadios estatales, etc.
- Desarrollo y participación social: Acceso de fondos de desarrollo de proyectos en beneficio de la comunidad.
- Vida Saludable: uso del tiempo libre y de recreación que complemente el desarrollo intelectual o laboral de las y los jóvenes
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